
Florencia — piedra y cerámica
Una jornada de seis o siete horas en el taller de Enrico Ferrarini, trabajando el barro y el mármol el mismo día, y aprendiendo a dejar que la forma la decida el material.
- Lugar
- Florencia, Italia
- Año
- 2024
- Con
- Enrico Ferrarini
Fueron seis o siete horas en el taller de Enrico Ferrarini, en Florencia. Una sola jornada, entre el barro y el mármol. Llegué pensando que iba a aprender una técnica y salí con otra manera de mirar.
La piedra funciona al revés que el barro. En el torno se añade: se levanta la pared, se estira, se corrige hacia arriba. En el mármol solo se quita. Cada golpe de cincel es definitivo y no hay forma de devolverlo. Esa imposibilidad de arrepentirse obliga a decidir antes, y a decidir menos.
Enrico trabaja con una paciencia que no había visto antes. Puede pasar horas en una superficie de diez centímetros, buscando el punto exacto donde la luz cambia. Lo que me enseñó en esa jornada no fue tanto a tallar como a esperar: dejar que el material sugiera y no imponerle una idea traída de fuera.
Volví al taller con las manos distintas. Las piezas de gres que hice después son más quietas, con menos gesto y más peso. En un solo día, la línea del mármol se quedó en el barro.
Imágenes

Torneando en el taller

Preparando el barro

Trabajando con Enrico Ferrarini

Tallando el mármol, la misma jornada

El taller de mármol de Enrico Ferrarini